miércoles, 3 de junio de 2015

El oficinista

Sí. Ahí estaba sentado él como todos los días frente a su computador. Iba cinco días a la semana a mirar la pantalla durante unas ocho horas cada vez. Revisaba su correo electrónico cada cinco minutos sin razón alguna. Era como una manía. Algo que no podía controlar. Veía periódicos en línea con noticias que nunca le afectaban. Así era todos los días. Poca actividad. Nada que hacer.

La jornada empezaba temprano. A las siete y treinta de la mañana tomaba asiento, sacaba su termo para llenarlo con agua y un pocillo con tinto. Iba a la cafetería caminando despacio mirando hacia el suelo. Quisiera contar las baldosas que habían en el pasillo pero siempre se le olvidaba, tanto de ida como de vuelta. 20, 15. No lo recordaba. Sí sabía que eran grandes, con textura extraña. Alguna vez se agachó para tocarlas. Deslizó su mano despacio, cerrando los ojos un poco, pero su concentración se perdió cuando alguien pasó por su lado. Lo interrumpieron y no lo volvió a hacer. Sólo recuerda vagamente lo corrugado de las uniones. Regresaba con su pocillo de tinto, lo ponía sobre su puesto. A pesar de tener más de 30 compañeros en su misma área, no hablaba con ninguno, a menos que algo le preguntaran. No se percibía. Podría haber faltado dos o tres días y nadie lo habría notado. En su computador revisaba el correo electrónico con boletines de ofertas de cosas que nunca iba a comprar. Los leía, incluso analizaba con calma todas las características y especificaciones técnicas. Luego cerraba los correos y se iba a otras páginas en inglés a tratar de descifrar lo que en ellas decía. Pasaba las líneas ágilmente sin entender mayor cosa. Lo importante es que se sentía bien al abrirlas y que alguien lo notara, que supiera que era culto, inquieto y seguramente bilingüe. Pero eso no pasaba, pero él creía que sí, que su reputación y su imagen eran vox populi. No lo eran. Nadie sabía que ahí estaba. Se emocionaba cuandolo citaban a reuniones, pero la mayoría de las veces las cancelaban. Entonces revisaba su correo, una y otra vez. Sí. Una y otra vez.

Bogotá, Enero 2013

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