Ir al contenido principal

Mátame

1. INTERIOR. RESTAURANTE. DÍA

Un salón de restaurante bogotano decorado al estilo de los años 20. Todas las mesas están llenas excepto una, en donde una mujer joven (25), estilizada, mira para lado y lado. Mira su reloj. Toma un sorbo de té frío y vuelve a poner el vaso en la mesa. Mira alrededor. Finalmente detiene su mirada al frente. 

Un hombre alto, macizo, barbado  RUBÉN (35) con chaqueta negra de cuero está parado frente a la mesa de ella. 



RUBÉN: 
Hice lo que pude. 

Ana lo mira con ira, toma otro sorbo, mientras RUBÉN se sienta en la mesa, hace un gesto con su mano y una mesera se acerca. RUBÉN señala el té, dando a entender que le traigan un vaso de lo mismo.


ANA: 
(irónica
A ti no te gusta el té.

RUBÉN
Hoy sí.

ANA arrastra su vaso por la mesa alcanzándolo a RUBÉN, quien lo coge con la mano derecha y se toma un sorbo largo. Vuelve a poner el vaso en la mesa y lo arrastra al lado de ANA. Antes de soltar el vaso, ANA lo coge y RUBÉN le coge la mano rodeando el vaso. ANA contiene las lágrimas pero deja salir un sollozo. Se lleva su mano y se aprieta la nariz a la altura de los ojos. RUBÉN la mira. 

 RUBÉN
Confía en mí. 

ANA deja caer una lágrima.






Comentarios

Entradas populares de este blog

Instrucciones para persuadir a un ladrón con el fin de lograr que abandone sus intenciones

Estas instrucciones se han realizado a partir de numerosas investigaciones sin fundamento a personajes inexistentes. Son, eso sí, de importante divulgación para el bienestar y posible frustración del ladrón. Se recomienda no ensayarlas antes, sino más bien aventurarse a practicarlas en campo.

Instrucciones para respirar

Antes de leer este post debes tener claro lo siguiente:  las instrucciones que se enuncian a continuación, de ser llevadas a cabo pueden tener como resultado dos eventos totalmente opuestos: respirar o no hacerlo.

Es claro que es tu responsabilidad si alguno de los dos llega a suceder.

El paciente impaciente o el desespero en la sala de urgencias

Hay de todo en las urgencias de una clínica. Se juntan los enfermos con los solitarios, los viejos con los jóvenes, los moribundos con los que quisieran morir y los desengaños con la soledad. No hay nada más desesperante que la muerte que no llega y las enfermeras gordas que pasan y pasan.